Libertad y educación para el desarrollo

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Por Agustín Larson

Es necesario señalar que la educación es el principal medio para llevar a la persona a su fin último: su desarrollo pleno; Y por consiguiente, es el motor de progreso de las naciones. Dicho medio es reconocido a nivel internacional como un derecho humano, y por ello consagrado en nuestra constitución.

   Considerando lo anterior y reflexionando a partir del escenario nacional, brota una intrínseca sensación de insatisfacción, un descontento a raíz de la mal administrada educación pública y la cada vez más trabada educación privada, obteniendo como resultado natural personas intelectual y espiritualmente pobres, muy lejanas a su desarrollo pleno. Esto no cambiará hasta que se erradique el paternalismo, esa concepción de que el Estado debe satisfacer todas las necesidades y el individuo debe conformarse; Hasta que nos atrevemos a ser protagonistas del progreso de nuestro país.

     Soy un convencido de que la buena educación es aquella que reconoce todos los ámbitos del crecimiento humano, llevando así al individuo a su desarrollo pleno, más allá de lo puramente académico. Sueño y tengo el compromiso de luchar -con amor, sin odio, pero luchar- por una enseñanza holística, integral y desideologizada. Para ello debe primar la libertad de enseñanza, como resultado del inalienable derecho a la libertad que tiene todo ser humano, a su derecho a libre pensamiento y de consciencia. Libertad de enseñanza entendida como la facultad de los padres de escoger el proyecto educativo que prefieran para sus hijos por medio de una oferta variada, garantizando el pluralismo, resultado de la participación de los cuerpos intermedios, evitando así un sistema donde el Estado imponga una educación uniforme o adoctrinada. Esto último es nuestra principal bandera de lucha en esta materia, pues  la enseñanza reconocida oficialmente no puede destinarse a propagar tendencia político-partidista alguna, y defenderemos la libertad hasta las últimas consecuencias. 

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