Los Karamázov de la democracia

¿Quién asesinó a la democracia? Alguien la mató, pero todos pensaron asesinarla. Izquierdas y derechas, liberales y autoritarios, ateos y cristianos, moros y judíos. ¿Cómo la asesinaron? He ahí el problema. Para encontrar sospechosos hay que buscar evidencia.

Pero antes de todo, hay que preguntarse el por qué. ¿Por qué alguien asesinaría a la democracia? Porque ya no es útil para sus fines. Porque la actitud democrática es un medio, para alcanzar fines. Y siguiendo la línea de Walter Benjamin, existen medios legítimos e ilegítimos como fines justos e injustos. Y el instrumento por excelencia en este proceso es la ley. Esta cede, como también prohíbe, y se transforma. Se transforma y se construye en base al poder, a los discursos imperantes y a los individuos, a las personas, parte de la sociedad. ¿Por qué perdería su utilidad entonces?

Porque es la persona la que se ha transformado, y la ley la que se ha deformado. Pero la transformación de la persona no ha sido positiva. Porque se ha impuesto un relato, un discurso, que es antidemocrático per se, un relato en el que el fin justifica los medios. ¿Y si ahora el objetivo es únicamente la justicia, dónde quedan los medios, como la democracia? Tal vez la democracia sigue viva, pero la han olvidado. Tal vez el relato de “La gaya ciencia” donde Nietzsche menciona “Dios ha muerto” no se refiera a la muerte de Dios, sino el olvido. Que se dejó atrás, que ya no se necesita.

La ley se ha deformado en pro de seguir esta actitud. El humano está llevando a la ley  a su propia destrucción. Aquí esta, el punto de crisis. Y como alguna vez dijo Bertolt Brecht: “Las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo de nacer.” Y es en ese claroscuro (siguiéndole a Gramsci) donde nacen los monstruos.

Monstruos ¿Por qué? Porque muchos han optado como medio la violencia. Las funas nacen de ese modelo, la ruptura con los gobernantes y las instituciones también. Y es que el cuchillo, el arma homicida llega a tocar el pecho cuando los gobernados no se sienten representados con los gobernantes. Ahí está la evidencia. Y las consecuencias se ven a lo largo del globo.

Es por lo mismo que es momento de volver a transformarnos, en espera de lo nuevo. Que la política se ha movido de lugar, que los nuevos fenómenos como la globalización y las redes sociales piden algo nuevo. Es momento de crecer, y tenemos que luchar por nuestras ideas para que lo venga, venga con nuestro sello.

Que cuando Nietzsche mató a Dios y Foucault Mató al hombre, llegó el cambio.

Los hijos de la democracia mataron a la democracia, y ya clavado el puñal es difícil de curar. La democracia ha muerto, y nosotros la hemos matado.

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