Chile despertó: Analizando el discurso de falsos revolucionarios

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18 de octubre de 2019, protestas masivas a lo largo del territorio nacional, libertad de expresión, cohesión social, alzamiento de voces, estaciones de metros quemadas, edificios quemados, grandes tiendas saqueadas, almacenes saqueados, nueva constitución…, ¿nueva construcción?
Libertad de expresión, cohesión social, alzamiento de voces, crisis económica, desempleo, mayor gasto público, posible recesión económica, fracaso del sistema económico…, ¿fracasó del sistema?

Todo comenzó con el alza de 30 pesos en el transporte público, lo que para muchos fue “la gota que rebalsó el vaso” y el fin del sistema económico imperante en nuestro país, el sistema del capital.
Continuando con un constante enfrentamiento entre la popularmente llamada “primera línea” y las fuerzas de orden en manifestaciones, que empezaban siendo pacíficas, sin embargo, terminaban convirtiéndose en un campo de guerra. La prensa sensacionalista no desaprovechaba estas situaciones de pugna para conseguir títulos ambiciosos pero lastimosamente cada vez más caóticos, provocando una desinformación latente en la población y formando paulatinamente una visión pueril, casi de ensueño de un supuesto despertar de la ciudadanía.


La desinformación y el caos engendraron lo que yo llamo “falsos revolucionarios” o “revolucionarios de cartón”, quienes son una mezcla entre el perfil del snowflake y la metodología de “teoría conspirativa de la sociedad” de Popper.
Es decir, hablamos de un ciudadano, generalmente joven que es altamente sensible a las opiniones opuestas y que se “ofende” con facilidad, utilizando como reflexión una visión de la historia disminuida a suposiciones, que en este caso son “populares”.

¿Cuál es su discurso?
Considerando que estos revolucionarios se dejan llevar por ideas predominantes (pudiendo ser ideas marxistas, anarquistas y en general extremistas) ellos tienden a creer en el discurso anticapitalista, el que asocian netamente con el golpe de estado ocurrido en Chile en el año 1973:

• Atacando al sector político de la Derecha como si estos fueran verdaderos monstruos, tergiversando datos como por ejemplo la relación entre las ideologías asociadas al capitalismo con la aprobación al presidente de la república. (Siendo que este jamás apoyó lo que la “Derecha” pedía, ni atribuciones a carabineros, ni un estado de derecho eficiente, ni siquiera un alto a la violencia, etc, etc, etc).

• Desprestigiando todo lo que tenga que ver con el período al mando de los militares y Augusto Pinochet, sin ser escépticos y generalizado a más no poder.

Podemos estar de acuerdo que existieron violaciones a los derechos humanos y esto fue catastrófico, por el contrario también podemos reconocer la existencia de una mejora impresionante en la economía, sin ser tachados de “inhumanos”, pero por alguna razón, esta segunda opción a los snowflakes revolucionarios no les agrada.
Hay un sesgo ideológico que impide reconocer la Historia, lo que es un problema grave en nuestra sociedad, pues “si no conocemos la historia, estaremos obligados a repetirla” y por supuesto ningún Chileno querrá vivir lo ocurrido en la “UP”; mercados negros, inflación al 600%, violencia terrorista no acatada por el gobierno de turno, expropiaciones, hambre, largas filas para conseguir alimento, etc.
A mi juicio lo peligroso de los neo-snowflakes, es su capacidad e influencia de mover a las masas. Hoy ya es común la frase “no soy de izquierdas, ni derechas”, seguido alguna propuesta altamente estatista e intervencionista, motivando así el discurso autoritario y sofocando las ideas de la libertad.

¿Qué ocurrió entonces?
El historiador griego Polibio, lo denominaba “Oclocracia”, una deformación de la democracia que caía en “el poder de la muchedumbre” generalmente siguiendo una moción basada en el miedo, la intolerancia y en las emociones.
Chile pasó de una Democracias a una Oclocracia por mentalidades influenciables por populismos y quienes se encargaron de difundir el monopolio del término “pueblo” entre la ciudadanía fueron justamente estos falsos revolucionarios bajo la premisa de eliminar el “terrible neoliberalismo” que había fracasado.

¿Cuáles son los hechos?
Nuestra democracia constitucional nos ha permitido un progreso social, político y económico, pero lamentablemente por decisiones políticas este proceso ha dejado de acelerar al ritmo que estábamos acostumbrados.
Después de cierto gobierno el crecimientos económico mermó, trayendo consigo descontentos sociales, pues está comprobado que los países con mayor “PIB” hay más presencia de derechos sociales, por ejemplo, los países nórdicos.
Basta con conocer las principales demandas durante el estallido, temas que recaen en Medicamentos, AFP, tarifas del transporte público, sistemas FONASA e ISAPRES, servicios públicos, etc.
Estas en su mayoría radican en leyes, las cuales requieren simple voluntad política para realizar cambios contundentes.
Los políticos de siempre crearon el problema y ahora buscan solucionar el problema mediante una nueva constitución desde cero.
El progreso que nos ha traído probablemente será “tirado a la basura” gracias a la Oclocracia y sus difusores…

Quiero hacer un llamado a los jóvenes como yo, a seguir difundiendo las ideas de la libertad y dar la batalla, siempre desde la lógica y la razón. Porque el populismo ha existido desde el “idiotez” en Grecia y lo peor que podemos hacer es quedarnos callados frente a estos “falsos revolucionarios”.


No a la “auto-censura” ni a la emocracia, no a los neo-inquisidores ni a los Justice Social Warriors, no al extremismo y la falsa democracia. Debemos darle un profundo sí a la libertad.

“El conocimiento es la única defensa ante el peligroso mundo”
~ John Locke

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