Una precisión natural para el 2021

Luis Gallardo
Columnista | + posts
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El 2020 se marcó por un concepto inusual: “esporádico”. Así, esta palabra trascendió de los momentos más remotos de nuestra historia y se instauró como la institucionalidad vigente en el mundo, incorporando con sí, aquello que creíamos inusitado y propio de un pasado lejano. En el plano internacional, la virtud de muchos países fue, por lo tanto, recordar sus experiencias añosas y avocarse en repensarlas para su sociedad contemporánea; por otro lado, otros muchos fallaron, ignorando lo anterior.

Diferentes puntos llevaron concebir el 2020 como especial: una pandemia desatada, el auge de las tecnologías de comunicación, la transformación y digitalización de empresas -donde muchas, como la aerolínea Sky o diferentes emprendimientos locales en las más variadas áreas, decidieron dar el paso a la presencia en línea como modelo de negocio, en desmedro de la presencialidad de sus operaciones-, la incansable labor científica por la búsqueda de una vacuna efectiva para el COVID-19, o la montaña rusa que resultó la oscilación económica en la gran mayoría de países, salvo honrosas excepciones.

Dichas premisas motivan la innovación y el cambio a primera vista, sin embargo, a buen observador, no hay más que un recordatorio de nuestra historia: Los ciclos económicos, el avance científico manifestado con el auge de las vacunas, la constante digitalización desde los años 80, o la tradicional reinvención que cada mercado vive. Sin embargo, aquella es la percepción puramente material, objeto de la reflexión de los seres que realmente convirtieron en inusual este año, nosotros.

En rigor, los grandes cambios materiales de este año se orientaron totalmente a nuestro bienestar, salud, progreso y cuidado -en un contexto desatado de pandemia- que transformó en difícil e inseguro aquello que por años habíamos considerado normal. Esto se acompañó de nuestra naturaleza, reacciones y sentimientos: la salud mental como tono base en los colegios y universidades en respuesta a las restricciones propias del distanciamiento físico, las videollamadas como fiel compañero. Que lo inusual se haya convertido en costumbre durante este último año, sin embargo, no es un llamado a considerarlo como tal. Vivimos múltiples transformaciones, y debemos ser prudentes frente a estas, recordando nuestra historia y evitando reincidir en los errores olvidados en su seno.

La gran problemática, por tanto, no es la falta de memoria -cuestión en la que inclusive, como humanos, exacerbamos-, sino más bien aquello que nos motiva a recurrir a ella: los momentos esporádicos, de los que el propio concepto indica su carencia en nuestra vida.

Producto de lo anterior, evoco la reflexión en aquellos errores que conocemos e ignoramos. En primer lugar, las políticas medioambientales carentes de resultados que han prolongado el daño a nuestros espacios de protección, que recuerdan a los tiempos en que las mismas no existían. En segundo lugar, y como resalta el profesor Christian Schmidt, el retorno a la nacionalización de nuestros sectores de mayor relevancia, esta vez no desde el Estado de Chile, sino desde la República Popular China, retornando al pozo que vivimos durante los años 60s y 70s.

En conclusión, la precisión natural para este 2021 es la determinación lógica: no debemos ignorar lo inusual, tampoco convertirlo en costumbre, sino más bien avocar el mayor esfuerzo en nosotros y nuestra historia, porque sin dudas allí yacen las respuestas y reflexiones del nuevo mundo.

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