La vida no es un juego

Matías González

Señor Director:

Este es el llamado y reflexión universal de aquello que nos mueve como buenos intérpretes de la vida.

Hemos sido testigos de todo tipo de descalificativos, cuestionados a su vez con afán moral, tildados inquisitivamente por aquella oposición ‘verduzca’, como fanáticos religiosos e, inclusive, de ‘Ultraconservadores’. Y la verdad es, que nada de esto está tan alejado de la realidad en su concretud.
Nuestra filosofía es única: ‘Ser acreedores de luz, persistir en esperanza, transmitir nuestro espíritu y celebrar el triunfo de la vida por sobre cualquier cosa’.

En virtud de lo dicho, la pregunta que nos hacemos es simple, pero deja mucho que pensar: ¿Es acaso que la defensa de toda vida – de aquel que está por nacer o ya nació -, es sinónimo de una mentalidad retrógrada, ida de sí y dejada en el pasado? La respuesta en su cabalidad es no. Defender la vida, es por orden natural, lo primordial. Aquel por nacer y perdurar la vida del individuo que ya nació es parte de nuestra hermosa y sincrética obra.

Señor Director; el llamado hoy es a las juventudes, adultos y adultos mayores a replantearnos, reflexionar y medir en vista de lo logístico y espiritual. Hoy más que nunca, aquella marea que en su minuto se pintó de colores verdes, como vista de un fenómeno nunca antes visto, es hoy la ola que choca en las rocas de la bahía del desdén de azulados tintes, de tonalidades celestes y colores acuarela. Estamos dispuestos a izar la bandera más alto que nunca, en búsqueda de los buenos y que, a pesar de muchas veces aguardar la tempestad y prontamente encararla, nuestra consigna es y será en unión, paz y armonía, porque no hay nada más bello que recibir y flamear la traída al mundo de una nueva vida, y luego de, la estadía de la misma en terreno.

La ola celeste se une y decimos todos juntos hoy más que nunca que, a pesar de ir – en el buen chileno – ‘contra viento y marea’, lucharemos presentes en los espacios sociales e intelectuales. Batallaremos por aquello que nos guía y mueve, aquella ‘Estrella de Belén’ que, a ojos ciegos, nos hace tener la esperanza viva en nuestro lineamiento. Nosotros los jóvenes seremos los encargados de guiar el camino a las nuevas generaciones y a concientizar de aquel rumbo del cual nos vimos desviados en dicha bifurcación a inicios de siglo y que, con mirada al horizonte; somos y seremos, seres de paz, en búsqueda de la verdad, y que para ello lo primordial es que la vida debe persistir.

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