El flagelo de la comunicación

Luis Gallardo
Columnista | + posts
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Carta al director publicada el día 2 de mayo de 2020 en el Diario de Atacama.

La comunicación es el aspecto más relevante de nuestra vida. Todo lo que hacemos comunica, a modo de deseo o de simples procesos involuntarios: desde la decisión del qué decir frente a un grupo de personas, pasando por la tonalidad que allí se entrega y los movimientos kinésicos que le acompañan, hasta la interioridad de nuestro ser, donde a través de verdaderas señaléticas biológicas las células son capaces de establecer sus relaciones.

Por tanto, resulta vital en la existencia, y más aún, en la convivencia social. Ha sido, quizás, lo que ha permitido trascender a múltiples personalidades: desde el astrónomo Tycho Brahe, que por sus malas habilidades acabó en una rencilla en que perdió su nariz, hasta los más grandes oradores de la historia, como el afamado pastor Martin Luther King Jr.

Así, estas habilidades definitivamente marcan aquello que queremos comunicar, y se ha convertido en el aspecto más temido por muchos, un verdadero flagelo. Los liderazgos, desde luego tienen cuantiosas características, que, por otro lado, pueden llevarse a dos reducidos pilares: la habilidad de dirección, y en la otra base, la pericia para comunicar las orientaciones para lograr los objetivos que se han establecido. Y es allí donde el flagelo se revela y trae consigo los resultados blancos, en que el liderazgo provoca cambios positivos, o negros, marcados por la fragmentación de quienes se encuentran en el entorno del líder, por su fragilidad en uno de los dos cimientos.

¿Será que en Chile se está priorizando uno de los dos pilares, la dirección o la comunicación? Y más aún, ¿se ha desorientado el valor de los liderazgos al preponderar solo uno de esos apoyos?

Precisamente vivimos, más que nunca, un periodo en que la expresión de la amplia gama de líderes, especialmente políticos y de salud, marca pauta. A fruto de esto, la comparación natural es entre médicos, como Jaime Mañalich, con una capacidad de comunicación reconocida por todos -y no precisamente por suave-, e Izkia Siches, quien acompañada de su juventud y expresión se ubica dentro de las mejores evaluadas en la crisis. Y así se repite en todas las áreas.

El fondo de esta cuestión llevará inherentemente a preguntar si estamos valorando los liderazgos de los capaces -o los preparados-, o, por otro lado, dando impulso a los nuevos juglares, capaces de transmitir lo que se desea oír -más que de transmitir inéditos y valiosos trasfondos-. Indudablemente, el bien de la sociedad nos impulsa a promover quienes ostenten el equilibrio, sin embargo, la defensa extrema de una de ambas posturas está cada vez más latente en el vivir nacional.

Ante un futuro incierto, donde el diálogo y las ideas son el punto de inicio, debemos ampliar la reflexión al bien de todos, y no el vacío de las palabras que muchos intentarán introducir en todas las áreas de la sociedad civil, reabriendo viejas heridas, o llamado a la discordia con el fin de resaltar. Precisamente hoy nos convertimos en los más grandes jueces de la historia, y que no quepa duda de que en ella el flagelo más importante será cómo comunicar la verdad.

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