La disminución de la brecha

Luis Gallardo
Columnista | + posts
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Carta al director publicada el 26 de abril de 2020 en el Diario de Atacama.

Chile, precisamente por quien es hoy, ha sido un país modelo para muchísimos otros iguales en vías de desarrollo, no en cuestiones tan de moda, como el sistema de salud, educación o su historia constitucional, sino que por su política estatal de lucha contra la pobreza. Con números cercanos al 30% en los ochentas, ha llegado al 8% en esta década.

Ello ha generado impactantes cambios en el modo de vivir del país, y en definitiva ha significado un cambio estructural del quehacer nacional: pasar de la lucha contra la pobreza, a descubrir cómo dar un buen vivir a millones de personas que han ingresado a la -por muchos- temida clase media.

En ellos deseo enforcarme. Una clase media que, no siendo el foco de las políticas de gobierno, se ha convertido en el grupo mayoritario del país, y tal como muchos describen, uno de los más perjudicados por las políticas. Sin ir lejos, dando una descripción superficial, su capacidad de inversión es mínima, llegar a fin de mes se hace difícil, y el endeudamiento es el mayor temor en su día a día.

Tal ha sido el impacto -no inesperado, mas sí ignorado por años- de esto, que los múltiples gobiernos han buscado establecer políticas para beneficiarles. Una situación que, a simple vista, ha de resultar hipotéticamente beneficiosa. Sin embargo, en el afán de ayuda, todos los gobiernos han caído en la problemática que ha representado gran parte de las políticas públicas: aumentar los impuestos de quien desean ayudar, acabando en la lamentable opresión de quienes más lo necesitan en el Chile actual.

De allí han resultado diferentes respuestas, siendo todas contrarias al loable objetivo que las políticas públicas inicialmente buscaron: asfixiar la clase media.

Hoy nos vemos ante una crisis inesperada, generada por un virus inesperado. Ante esto, no queda más que soñar con un cambio inesperado. La disminución de la brecha en nuestro país puede darse desde los estímulos a la libertad, con un gran enfoque en la clase media. Nos vemos ante una clara debacle económica, que como el Banco Mundial anticipa, será la peor crisis desde 1929.

No hay momento para las improvisaciones: debemos colocar en la palestra las ideas de la libertad nuevamente, que permitieron el desarrollo económico de Chile hasta hoy, disminuyendo el gasto estatal, estimulando la iniciativa privada, y, ante todo, respetando el sueño de cada chileno: progresar y lograr sus metas.

Finalizo con una frase del filósofo estadounidense Henry David Thoreau: “lo que puede expresarse en palabras, puede expresarse en nuestra vida”. La realidad requiere que ante la adversidad nuestras ideas no solo sean en escritorio que tanto hemos refinado, sino que sean la transformación con la que todos hemos soñado.

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